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Categoría: Noticias internacionales

Al Jazeera en la Habana

zainab 23/03/2008 @ 18:45


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Al Jazeera en la Habana

El periodista Wadah Khanfar, director general de Aljazeera Network ofreció una conferencia en el aula titular del Instituto Internacional de Periodismo, José Martí, ante un grupo de colegas y estudiantes de la Facultad de esa carrera en la Universidad de La Habana. Auxiliado en la traducción por Dima Khatib, corresponsal en Caracas, el destacado comunicador explicó los conceptos corporativos y de política editorial, que rigen esa, la mayor productora árabe de noticias, y refirió sus experiencias como corresponsal de guerra durante el vigente conflicto iraquí y otros acontecimientos internacionales.

Para sentar criterios, Khanfar definió al periodismo, como una profesión a la que no se accede para ganar dinero, sino como una misión, ante la que cuentan no solo la cultura, el entrenamiento o las condiciones propias de la naturaleza individual… "Aun más inciden la calidad humana de esa persona que acepta un reto, y su conciencia de que existe una necesidad de acción, ante los hechos que lo rodean". A partir de este concepto explicó las reglas de oro de la política editorial en Aljazeera.

Insistió en la valoración del colectivo que él encabeza, respecto a la necesidad de desprejuiciarse y de ser respetuoso de los valores ajenos; planteó como una de las máximas que han de inspirar al reportero, la de cuidarse en todo caso de caer en la trampa de dejarse usar, de convertirse en vocero. "Vale mucho -dijo- preguntarse en qué medida la fuente está deseosa de dar a conocer determinados datos u opiniones…". Puso como ejemplo contrario y no menos grave, el peligro de dejar que los prejuicios propios lo lleven a recortar o sobredimensionar la realidad que constituye la noticia, porque en todos los casos termina falseándose la realidad, a desmedro del respeto que merece el público. "la noticia es sagrada, y la honestidad es lo primero", afirmó.

También hizo alusión a la obligación que sienten ellos de facilitar la más completa presentación del producto informativo. Explicó cómo en este sentido, Aljazeera se auxilia de expertos para cada tema y oportunidad específica, que los ayuden a entender y explicar lo sucedido de la manera más sustanciosa y honesta que esté en sus manos, potenciando así un mejor entendimiento de la información respecto al entorno espiritual, cultural, histórico y político en que los hechos vienen sucediéndose. "La exactitud de la información resulta imprescindible, pero no basta para la comprensión el valor en sí mismo del hecho noticioso". En este caso explicó que ellos valoran altamente el concepto de la "mente colectiva", el provecho del pensamiento múltiple, no solo el del equipo, sino el de toda la nación. Resaltó que aunque no tienen agenda política, no se permiten tampoco ser un conjunto de especialistas honestos, desconectados de la realidad.

"Quien no entiende esto no sirve para trabajar en Aljazeera. Nuestro lema es que coexistan ‘la opinión y la otra opinión’; buscar a las personas que tienen diferente manera de pensar, y explicar el problema desde todos los puntos de vista posibles, es el trabajo del periodista".
Comentó en este caso cómo la condición humana del comunicador, y la dinámica de su trabajo, de hecho lo llevan a equivocarse en determinadas oportunidades. En esos casos, es práctica del canal que dirige el reconocimiento y la disculpa pública, como manera de mantener el respeto y el aprecio de los televidentes.

Wadah Khanfar fue enfático al definir que el código de ética es el alma de su televisora. Definió sus principios como una vocación absoluta por la verdad y la exactitud, con gran respeto a la diversidad cultural y religiosa, y la definitiva determinación de canalizar el derecho del individuo a saber y a escoger por sí mismo en lo que cree, sin prestar un servicio a elite alguna, ni siquiera a una mayoría definida, sino a cada individuo por igual. También refirió conceptos de profesionalidad, al sentar que entre los dos tipos de noticia que a su parecer existen: la superficial y la profunda, ellos optan por el segundo de estos.

Recordó mediante ejemplos, cómo se sientan las agendas informativas de la gran mayoría de las trasnacionales de la información, donde prima el concepto del impacto, a partir de un flashazo a los últimos momentos; noticias vistas de manera desintegrada y superficial, que pintan el acontecer mundial como si estuviera constituido por piezas sueltas y vibrantes de un rompecabezas que no puede ni quiere ser armado; piezas que las personas tienden a olvidar, quedando en ellas, de lo ocurrido, solamente una sensación exaltada, de olvido fácil y necesario, ante el envejecimiento inminente que impone la aparición de nuevas e impactantes imágenes.

Ellos optan en cambio por el seguimiento y completamiento de cada información, relacionando el asunto tratado con las condicionantes que matizan su connotación y trascendencia, para facilitar una mayor comprensión, y una más amplia utilidad de ese servicio de noticias.
Nuestros informes solo decían lo que estaba sucediendo, desde el conocimiento profundo que tenemos de ese país, sin mostrarnos amigos o enemigos de nadie. Sin embargo, los gobiernos insistían en que saliéramos de allí, lo incluyeron incluso en las negociaciones con la parte agredida. Llegaron a bombardear las instalaciones de dos de nuestras corresponsalías, afirmó el periodista Wadah Khanfar, director general de Aljazeera NetworkA tenor con esta vocación, Aljazeera prescinde del empleo de agencias, y trabaja a partir del tributo de sus propios corresponsales, distribuidos en más de 40 países. Vale agregar que en sus dos redacciones (que tributan a sus dos canales de emisión, en árabe clásico e inglés, respectivamente), trabajan personas de 45 nacionalidades diferentes, diversidad de criterios y puntos de vista que se suman y colorean el producto terminado.

Al parecer, su método se ha convertido para ellos y para su público en un arma poderosa, que temen los grandes medios y las clases dominantes. Khanfar refirió su experiencia como reportero, cuando cubría la guerra iraquí. "Teníamos cinco equipos en el país a punto de ser agredido (varios corresponsales de afiliación laboral diversa aportaban también, desde diferentes ciudades), y dos equipos más estaban destacados en dependencias de las potenciales fuerzas invasoras. De esa manera, sumando lo obtenido en todas esas fuentes, se informó sobre la guerra, mientras los llamados 'grandes medios' solamente reportaban desde la sede de los comandos o los aviones de los agresores, transmitían ese momento en el que se oprimía el botón que liberaba las bombas, como si se tratara de un juego de vídeo.

"Luego insistían en hacer ver que nuestras transmisiones herían la sensibilidad pública -agregó Khanfar-, porque mostraban la otra cara de la guerra: la muerte y el sufrimiento de ese pueblo; o sea, que a su entender se trataba de que dejáramos de decirlo, no de que ellos dejaran de matar.

"Nuestros informes solo decían lo que estaba sucediendo, desde el conocimiento profundo que tenemos de ese país, sin mostrarnos amigos o enemigos de nadie. Sin embargo, los gobiernos insistían en que saliéramos de allí, lo incluyeron incluso en las negociaciones con la parte agredida. Llegaron a bombardear las instalaciones de dos de nuestras corresponsalías. Más de 20 trabajadores nuestros guardaron prisión en distintos momentos allí, incluso fueron torturados en Abu Ghraib; otro de ellos (Sami al Haj) permanece en Guantánamo, a despecho del peligro que corre su vida, debido a una huelga de hambre que se extiende por más de un año, e ignorando las campañas internacionales que demandan su liberación; sin que sepamos finalmente cuál causa pretenden impugnarle..."

Interesante conversación la del periodista Wadah Khanfar, director general de Aljazeera Network. Con esta guerra sin cuartel contra una televisora del tercer mundo, el país que pregona su concepto de libertad de prensa ha escrito la página más anacrónica en la historia de la corresponsalía de guerra. Quizás por ello deberían auto otorgarse el premio Pulitzer.